18 de noviembre de 2011

Si tú me dices ven lo dejo todo ...pero dime ven - Albert Espinosa

Este libro me llamó la atención por su título. Albert Espinosa parece tener cierta propensión a poner títulos largos a sus libros pero, al menos en este caso, está bien escogido. 

El libro nos cuenta la historia de un hombre que se dedica a buscar niños desaparecidos. Comienza la novela con la ruptura con su pareja, en el mismo instante en que recibe un encargo: buscar a un niño desaparecido que no cuadra con sus cánones habituales; y a lo largo de toda la historia nos vamos enterando de que él fue, también, un niño desaparecido, cómo fue su infancia, qué le ha llevado a romper con su pareja, cómo encuentra al niño y la gente que, en el camino de su vida, ha conocido y le ha llenado. Es una novela breve pero intensa, que te deja un poso pendiente en el corazón; te hace pensar en los motivos que una tiene para tener o no tener hijos; y que a mí, concretamente, me ha hecho pensar en cómo trato a los chavales de doce o trece años. 

Se lee en un pispás, así que la recomiendo.

17 de noviembre de 2011

Bésame mucho - Carlos González



Aysss... qué gusto... un pediatra que no opina que todos los niños son unos pequeños cabroncetes nacidos para putearte, sacarte de tus casillas, impedirte seguir con tu vida normal... que te deja que les mimes, que no te obliga a que se lo coman todo, que te deja que duermas con ellos (con el gustito que da olerles, sentir su piel suavita, aunque te den un calor horroroso y unas patadas dignas de Messi). Que te deja que sigas tu instinto como madre y te olvides de todos esos rollos de "no le cojas, que se malacostumbra", "no duermas con él, que te toma el pelo"... 

Con este párrafo me reí a carcajadas:

De vez en cuando, una madre agotada me explica que apenas puede dormir, porque su hijo la reclama varias veces cada noche:
—A veces lo meto en la cama con nosotros y que mame cuando quiera; es la única manera en que puedo dormir. Pero, claro, su padre dice que no puede ser, que al final se va a tener que ir él de la cama.
—¿Y qué edad tiene su marido?
—Treinta y dos, ¿por qué?
—Porque ya es lo bastante mayorcito para dormir solo. Si con treinta años necesita dormir acompañado, ¿qué espera que haga un niño de tres años?

Y este otro párrafo da que pensar:

Veamos un caso concreto. Jaime se considera un buen esposo y un padre tolerante, pero hay cosas que le hacen perder los. estribos. Sonia tiene un carácter difícil, nunca obedece y encima es respondona. Se «olvida» de hacerse la cama, aunue se lo recuerdes veinte veces. Es caprichosa con la comida; las cosas que no le gustan, ni las prueba. Cuando le apagas la tele, la vuelve a encender sin siquiera mirarte. Te coge dinero del monedero, ni siquiera se molesta en pedirlo por favor. Interrumpe constantemente las conversaciones. Cuando se enfada (lo que ocurre con frecuencia), se pone a llorar y se va corriendo a su habitación dando un portazo. A veces se encierra en el cuarto de baño; en esos momentos, ningún razonamiento consigue tranquilizarla. De hecho, una vez hubo que abrir la puerta del baño a patadas. Pero lo que realmente saca a Jaime de quicio es que le falte al respeto. Anoche, por ejemplo, Sonia cogió unos papeles del escritorio para dibujar algo. «Te he dicho que no cojas los papeles del escritorio sin pedir permiso», le dijo Jaime. «¿Pero qué te has creído? ¡Yo cojo los papeles que me da la gana!», respondió Sonia. Jaime le pegó un bofetón, gritando: «¡No me hables así. Pide perdón ahora mismo!»; pero Sonia, lejos de reconocer su falta, le plantó cara con todo desparpajo: «¡Pide perdón tú!» Jaime le volvió a dar un bofetón, y entonces ella le gritó: «¡Capullo!» y salió corriendo. Jaime tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para contenerse y no seguirla. En estos casos es mejor calmarse y contar lentamente hasta diez. Por supuesto, Sonia estará castigada en casa todo el fin de semana.

Hasta aquí la historia. Supongamos ahora que Sonia tiene siete años y Jaime es su padre. Y usted, ¿qué opina? ¿No es éste uno de esos casos en que a cualquiera «se le iría la mano»? ¿No sirvió esta bofetada para descargar la atmósfera, como tan bien decía el Dr. Spock? ¿Qué pueden hacer en un caso así esos fanáticos que prohibieron por ley las bofetadas? ¿Van a denunciar a este padre ante los tribunales por pegar un bofetón a una niña que, por cierto, se lo tenía bien merecido? ¿No es mejor dejar que estos problemas se resuelvan en el ámbito familiar sin intervenciones externas? Tal vez incluso esté usted pensando que una niña nunca habría llegado a ser tan desobediente y respondona si le hubieran dado una buena bofetada hace tiempo. Esta situación parece típica de niños malcriados por padres permisivos que no saben establecer límites claros, que no imponen la necesaria disciplina: lo que hoy está permitido, mañana provoca una respuesta desmesurada, con el resultado de que el niño está confuso y es desgraciado.

¿Y si yo le dijera, amable lector, que Sonia tiene en realidad diecisiete años y que Jaime es su padre? ¿Cambia eso algo? Repase la historia a la luz de este nuevo dato. ¿Le parece tal vez que es demasiado grande para pegarle, para apagarle la tele o para hacerle pedir permiso antes de coger una simple hoja de papel? ¿Le parece adecuado que un padre abra a patadas la puerta del baño donde está su hija de diecisiete años? ¿Empieza tal vez a sospechar que se trata de un padre obsesivo, tiránico y violento, y que la respuesta de su hija es lógica y comprensible?

Y si es así, ¿por qué esta diferencia? Reflexione unos momentos sobre los criterios que ha usado para juzgar a este padre y a esta hija. ¿Están los niños pequeños más obligados que los adolescentes a respetar las cosas de los mayores, a recordar y cumplir las órdenes, a obedecer sonrientes y sin rechistar, a hablar con amabilidad y respeto aunque por dentro estén enfadados, a mantener la calma y no llorar ni dar escenas? ¿Son más perjudiciales los gritos y los golpes para el adolescente que para el niño pequeño? No son ésos los criterios que sigue la Justicia con los menores de edad. Antes bien, cuanto más pequeño es el niño, menos responsable le consideran los jueces y menor es el castigo (si es que existe algún castigo). ¿Quién tiene razón: el Estado «intervencionista», que no considera al niño responsable de sus actos, o el padre «justo y sabio», que corrige a su retoño cuando aún está tierno? Quizá, en vez de asistentes sociales, educadores, tribunales de menores y reformatorios, sería mejor abrir cárceles de máxima seguridad y restablecer la tortura para los delincuentes juveniles.

Pero todavía queda una posibilidad aún más inquietante. ¿Y si yo le digo ahora que Sonia tiene veintisiete años y que Jaime es su marido? (No, no estoy haciendo trampa. Vuelva a leer la historia: en ningún momento había escrito que Sonia fuera la hija. ) ¿Le parece normal que un marido le apague la tele a su esposa «porque ya ha visto suficiente», que le ordene hacerse la cama, que la obligue a comérselo todo, que le prohiba coger un papel o que le pegue un bofetón? ¿Sigue pensando que Jaime es un buen marido, pero que el carácter difícil de Sonia le hace perder a veces los estribos? ¿Acaso no es un derecho y un deber de cualquier marido corregir a su esposa y moldear su carácter, recurriendo si es preciso al castigo («quien bien te quiere, te hará llorar»)? ¿Acaso no juró ella, ante Dios y ante los hombres, respetar y obedecer a su marido? ¿Ha de intervenir el Estado en un asunto estrictamente privado?

¿Por qué al leer por vez primera la historia de Jaime y Sonia pensó usted que Sonia era una niña? Pues precisamente porque Jaime le gritaba y le pegaba. Inconscientemente, usted ha pensado: «Si la trata así, debe de ser su hija. » No se nos ocurre que se pueda tratar así a un adulto, lo mismo que al leer las palabras «ataque racista» en un titular, no se nos ocurre pensar que las víctimas puedan ser suecas.

La violencia nos parece más aceptable cuando la víctima es un niño; cuanto más pequeño, mejor.
 Es un libro para reflexionar, para ayudarnos a entender a nuestros hijos y a comprenderlos, para ayudarnos en su crianza, para entender lo que nos pasa cuando tenemos un hijo.

15 de septiembre de 2011

Un paso en falso - K.O. Dahl


No estaba previsto que leyera este libro, llegó a mí sin buscarlo. Así que dejé de lado a Mankell y me puse con él. Ya había leído un par de novelas de K.O. Dahl, así que sabía que me gustaría, y para llevarla a la playa no estaba mal. Es la tercera novela en la que los protagonistas son Gunnarstranda y Frølich, dos policías noruegos.
En esta ocasión, Frølich se lía con una mujer, Elizabeth Faremo, que resulta no ser trigo limpio. Se habían conocido hacía tiempo, en una operación policial. De pronto un día ella reaparece y le persigue hasta conseguir que él se interese por ella, iniciando una relación sentimental y sexual un tanto ambigua, ya que ella da pocos datos de su vida.
Al poco tiempo, el hermano de Elizabeth, Jonny, se ve involucrado junto a otras dos personas en el asesinato de un guarda jurado y la vida se complica para Frølich: Elizabeth declara a favor de su hermano y nombra a Frølich en su declaración en el juzgado, lo que hace que el policía quede fuera de la investigación del asesinato. Frølich debe tomarse unas vacaciones forzosas, aunque no deja de investigar por su cuenta; especialmente cuando su novia desaparece y luego aparece asesinada. El resto de los implicados desaparecen de uno y otro modo, complicando la investigación.
Mientras tanto, Gunnarstranda lucha entre fiarse de su subordinado y su obligación de mantenerlo al margen de las investigaciones. 
Y aunque la historia se va haciendo cada vez más intensa e interesante, el final es un poco... ¿decepcionante? ¿precipitado? ¿absurdo?

17 de agosto de 2011

Bartleby, el escribiente - Herman Melville


Había leído de este libro en alguna otra novela, como un libro a leer y a ser tenido en cuenta, por ser una especie de modelo para lo que vino después. Cuenta la historia de un abogado de renombre en Nueva York, a mediados del siglo XIX, que contrata para su bufete al escribiente Bartleby. Bartleby parece eficiente hasta que un día, al encomendarle una tarea, dice que prefiere no hacerla. A partir de ese momento, su jefe, que en un principio se sulfura y está dispuesto a echarle, va rebajando gradualmente su mala leche mientras que Bartleby prefiere hacer cada vez menos cosas. Y llega un momento en que no hace absolutamente nada más que mirar por la ventana de su cubil. 

De Bartleby apenas se sabe nada. Su jefe, en cambio, que es el narrador de este relato, se nos presenta en todo su esplendor. Nos muestra sus sentimientos, su actitud cambiante hacia Bartleby, y nos relata cómo son sus otros subordinados con total detalle. Vemos cómo, gradualmente, pasa del enfado a la más absoluta compasión a lo largo de todo el relato. 

Además, en la era de la informática, resulta curioso leer cómo se copiaban y contrastaban documentos hace siglo y medio, una labor tediosa y aburrida como pocas. Y es que los tiempos adelantan que es una barbaridad. 

No obstante, me quedo pensando cómo habría sido la vida de Bartleby si hubiera trabajado en esta época de vaivenes laborales, si hubiera trabajado para el presidente de la patronal.

14 de agosto de 2011

Niños en su cumpleaños - Truman Capote


Éste es uno de los libros que me compré en la Feria del Libro de Madrid, donde encuentras cosas que no encuentras en grandes librerías. Truman Capote me gusta a rabiar desde que leí "A sangre fría", que me pareció una obra maestra. 

"Niños en su cumpleaños" es un relato corto, apenas 61 páginas de un libro de tamaño pequeño, que se leen de un tirón. Cuenta la llegada a un pueblo de Alabama, en el año 47, de una chica de once años, Lily Jane Bobbit, y de su madre, una mujer que no habla nunca. Miss Bobbit, como se hace llamar, revoluciona la vida del pueblo y en especial de dos amigos, Billy Bob y Preacher Star, que llegan a pelearse para conseguir ser el elegido. 

Desde la primera frase se sabe que Miss Bobbit muere atropellada por el autobús de las seis, el mismo que la trajo desde Mobile. Pero Capote sabe llevarnos por la historia de manera que nos olvidemos de ese "pequeño" detalle (como hizo García Márquez con "Crónica de una muerte anunciada") y nos enganchemos a ella sin remedio. 

Es de la editorial NordicaLibros, una editorial pequeñita pero con unos libros a los que no falta detalles, y con una colección muy bien cuidada.

Vive como puedas - Joaquín Berges


Es una novela sobre vidas fracasadas y cómo superarse a sí mismo. Luis es un empleado de una fundación dedicada a las energías renovables, divorciado de Carmen, con la que tiene dos hijos, y de la que sigue enamorado (pero la dejó cuando la encontró en la cama con su primo, que es además su jefe), casado con Sandra, una mujer obsesionada con la vida y la comida sana, con la que tiene un hijo, Everest, y que a su vez tiene una hija, Valle. Everest está en la fase de preguntas imposibles, y su padre es incapaz de contestar a ninguna con la seguridad que el niño necesita.
Toda la novela es, en realidad, el diario que escribe Luis sobre su vida, donde cuenta sus fracasos personales (desde el divorcio de Carmen hasta que su primo le quitara el puesto de jefe, desde la falta de respuestas adecuadas a Everest hasta la atracción física que siente por la profesora de su hijo pequeño, amén de los amores de su hija mayor y de creer que su hijo Álex se droga). 
En un momento dado, todo va cuesta abajo, cada vez peor, cada vez peor, en una serie de calamidades cada vez más hilarantes (como cuando se come el caldo sustancioso que cree que Sandra le ha dejado para cenar). 
Es divertido, aunque también he llorado un poco con la muerte de uno de los personajes, una persona joven, y es que pensar que se me muere alguien cercano me angustia bastante.

Os la recomiendo, aunque me gustó más la de "El club de los estrellados", del mismo autor.

5 de agosto de 2011

La de dios es cristo - John Niven

Lo que en la novela de David Safier, "Jesús me quiere" era una historia completamente naïf, es en "La de dios es cristo" completa irreverencia, aunque la intención de Jesús, en ambos casos, sea la misma: hay que ser buenos.

Dios vuelve de unas merecidas vacaciones. En el cielo han pasado unos días, pero en la tierra han pasado cinco siglos. Dios se fue cuando Leonardo, Copérnico y Miguel Ángel parecían estar poniendo un poco de cordura y vuelve en el año 2011, tras dos guerras mundiales y otras muchas regionales, el Kukuxklan, el integrismo islámico, los antiabortistas, y un infinito de cosas más. Así que, visto el plan, decide mandar de nuevo a su hijo a la tierra para que ponga orden. Pero antes de mandarlo nos encontramos con un Dios (y un Jesucristo, y unos apóstoles) que adoran a los maricas, que fuman canutos a troche y moche y que se van de charla con el demonio, que está muy entretenido torturando a los que han ido al infierno (y qué buenas son todas las penitencias que impone, según las faltas cometidas).

Así pues, Jesucristo vuelve a la tierra y nos lo encontramos ya adulto, con 30 años, hecho un "perroflauta", con una pandilla de desharrapados compuesta por dos colegas del instituto con los que hizo un grupo musical, una yonki, una ex-yonki con dos niños, dos alcohólicos y un veterano de guerra sonado. No oculta su condición de hijo de dios, aunque nadie le cree. Predica la bondad y ayuda a los demás. Y decide apuntarse a un concurso tipo Operación Triunfo con el fin de sacar la pasta suficiente para poder dar de comer a toda la pandilla. Como el tío canta como dios, le eligen como participante y se va, junto con toda la panda, a Los Ángeles, en un viejo autobús que han comprado con lo que sacan de devolver el billete de avión en primera clase que le ha proporcionado el concurso. El viaje, atravesando todos los Estados Unidos de costa a costa, es delirante, casi del tipo del de "Pequeña Miss Sunshine", y en él recogen de paso a un chaval que esconde un secreto y a un pobre muchacho con sida a punto de ser apaleado por masas enfervorecidas de "cristianos" a los que Jesús se enfrenta con su verdad. 

Durante el concurso, Jesús se enfrenta a uno de los jurados, Stelfox, un tipo del estilo a aquel jurado de OT que tenía tanta mala leche, pero con más poder. Después de varias vicisitudes, Jesús acaba consiguiendo un contrato de muchos millones con los que compra una inmensa finca en Texas donde monta una comuna que no acaba de ser bien vista por el pastor (religioso) del pueblo más cercano.
Pero lo que más me gusta del libro, además de lo irreverente que es imaginar a Dios o a Jesucristo fumando canutos a todas horas o cosas así, son las opiniones completamente salvajes que tiene Jesucristo sobre la iglesia católica en general y sobre el Papa en particular: encubridor de pederastas, negador del Holocausto, y provocador de infecciones masivas de sida al negar el poder del condón para prevenirlas en África. Opiniones con las que estoy completamente de acuerdo.
- ¿Católico, eh? - dice Jesús, la única persona en el estudio cuyo pulso sigue latiendo con normalidad-. ¿Y qué me dices de ese papa vuestro? ¿Sabes que rechazó firmar una declaración de la ONU en que se reconocían los derechos de los homosexuales y los discapacitados? Y el tipo prácticamente ha negado el Holocausto. Ha.... 
(...) ... ha castigado a conocidos pederastas de la Iglesia Católica sentenciándoles a un "periodo de penitencia". Vamos, ni siquiera los despidió. Y en la mitad de los casos se les destinaba a otras parroquias donde podían empezar de nuevo. Pero bueno, si es que éste es el mismo papa que tuvo los santos y peludos cojones de ir a África y contarles que el uso del preservativo podía, de hecho, incrementar la expansión del SIDA... 
 (...) ... miembro de las Juventudes Hitlerianas. Un homófobo antisemita- suelta Jesús. 
- ¡Tus comentarios son absolutamente ofensivos! - estalla Crane.
- Pues perdóname - dice Jesús cuando cortan a publicidad-. El cristiano eres tú.

Una llega a la conclusión de que lo que sobra en el catolicismo es la iglesia católica como tal, y que si realmente todos fuéramos cristianos y nos comportáramos bien, las cosas irían mucho mejor. Por cierto, el relato que hace uno de los apóstoles a Dios sobre todas las ramas de la Iglesia desde que se inició el cristianismo es tronchante por lo exhaustivo y por lo demencial. 

Os lo recomiendo muy vivamente.