11 de marzo de 2013

Orgullo y prejuicio - Jane Austen

Me leí esta novela por primera vez hace tanto que ni recuerdo, pero debía yo de andar por los 18 o 19 años. Luego la he releído al menos dos o tres veces. Si la primera vez me pareció romántica a más no poder, las restantes le vi el trasfondo crítico y satírico a la sociedad inglesa de finales del XVIII y principios del XIX. 

La familia Bennet (padre y madre, más cinco hijas casaderas: Jane, Elizabeth, Mary, Kitty y Lydia) forman un curioso grupo. El Sr. Bennet es un tipo sarcástico, resignado a su esposa, que es una cotilla inconsciente y necia. Sus hijas son de lo más variopinto: Mary está inmersa en su mundo de lecturas; Kitty y Lydia están en plena edad del pavo; Jane es una mujer sencilla, inocente, incapaz de ver la maldad de los demás; Elizabeth es una mujer inteligente y despierta, muy parecida a su padre. La familia Bennet ha educado a sus hijas un poco al "estilo melacargué": la que tenía interés, estudiaba; la que no, era dejada a su libre albedrío. La mayor preocupación de la Sra. Bennet es casar a sus hijas, ya que la casa y las propiedades familiares serán heredadas por un primo lejano, al no haber tenido los señores Bennet hijos varones. 

Cuando el Sr. Bingley, un joven soltero y acaudalado de la City, viene a establecerse a la zona, la Sra. Bennet empieza a soñar la boda de una de sus hijas. Bingley viene acompañado de sus hermanas, la Srta. Bingley y la Sra. Hurst, y el marido de ésta, el Sr. Hurst, y un amigo, el Sr. Darcy. Bingley es encantador, pero sus hermanas son dos arpías de cuidado, unas pijas de lo peor, y el Sr. Darcy parece un petulante y un cretino. Bingley coincide con las hermanas Bennet en un baile y queda prendado de Jane, mientras que Darcy hace un feo a Elizabeth no queriendo bailar con ella. Posteriormente, Jane es invitada a la casa de Bingley, pero enferma de neumonía y se ve obligada a quedarse allí unos días, para regocijo de su madre. Elizabeth decide ir a verla y a cuidar de ella, y pasa con los Bingley y sus amigos esos días, sintiéndose criticada por las mujeres y, a su vez, siendo sarcástica y mordaz con Darcy. Hoy lo llamaríamos "tensión sexual no resuelta", pero en aquel entonces no existían esas zarandajas. 

Mientras, aparece por el pueblo un regimiento lleno de militares, para locura de las hermanas pequeñas. Entre ellos destaca Wickham, guapete y simpático, que parece hacer buenas migas con Elizabeth, a la que cuenta, a modo de confidencia, cómo Darcy le había dejado sin la rectoría que le correspondía por herencia del padre de Darcy, y alimentando así la manía de Elizabeth. Además viene de visita a casa de los Bennet el primo que heredará las tierras, Collins, que es también pastor de una rectoría dependiente de Lady Catherine de Bourgh, a la sazón tía de Darcy. Collins es un gafapasta insoportable, decidido a casarse con una de las hermanas para aliviar el pesar que le produce saber que se quedarán sin nada cuando él herede, y además porque así se lo ha sugerido Lady de Bourgh.

Y cuando parece que Bingley va a pedir en matrimonio a Jane, de pronto desaparecen todos de vuelta a Londres, sin avisar. 

Como no es cuestión de reventar el resto de la historia (para eso podéis leer la wikipedia, donde lo cuentan absolutamente todo), seguiré por otros derroteros. Para mí está claro que Jane Austen quería criticar la sociedad inglesa de su momento. La verdad es que, excepto Elizabeth, el Sr. Bennet y los tíos de Elizabeth, el resto de los personajes es de echar de comer aparte: advenedizos, chillones, maleducados, fatuos, orgullosos, pijos, bordes, interesados, mentirosos, liantes, cotillas, poco discretos... Y está claro que quien triunfa en la vida, o al menos en esa vida de hace siglos, es por ser todo lo contrario: discreto, inteligente, educado, sincero... Vamos, igualito que ahora, y esto lo podemos ver en cualquiera de esos programas de tarde en los que todo el mundo chilla y pone a parir al contrario. 

A mí la vida y la maternidad me han limado. La maternidad me ha dado paciencia y aprender a no juzgar a nadie. La vida me ha hecho menos categórica y más tolerante, también menos prejuiciosa. Y bueno, un poco de orgullo no está mal que te quede. Pero todas estas mejoras han contribuido a que vea la vida de otra manera, y desde esta otra manera me doy cuenta de que lo que salva a Elizabeth no es sólo su inteligencia, sino su capacidad de dejar los prejuicios de lado, de reconocer sus errores y tratar de resolverlos. En definitiva, de ser sensato. Hoy lo que se vende es todo lo contrario: cuanto más chilles, más ordinario parezcas y cuantos más trapos sucios propios y ajenos saques, más progresarás en la vida. Eso es lo que se ve en la tele. Y de todo eso deberíamos alejarnos y alejar a nuestros hijos. ¿O no es mucho mejor ser sensato, discreto y humilde? Entre Belén Esteban y Elizabeth Bennet, me quedo con ésta última.

3 comentarios:

M. dijo...

Ay, "Orgullo y Prejuicio" también fue una lectura de hace tiempo para mí. Siempre eché en falta el beso!! Incluso en la peli!

Vuelvo a hacerme notar en los comentarios porque quiero que sepáis que reestreno blog y que vuelvo a esto (espero que dure).

www.micasatienegoteras.blogspot.com

Sol dijo...

Bienvenida de vuelta, M. , aunque ya he leído que tenías buena excusa para no estar por la blogosfera :-)

Iratxe dijo...

Me lo he leido hace bien poco y me gustó, buen análisis